Nuevamente estoy frente a una decisión aparentemente fácil: prosa
o verso; novela o poesía. José Luis Tejada o Meira Delmar.
El primer nombre no me dice mucho, pero, sin duda, la primera
parte del título me promete muchas cosas: la voz de un poeta conspirador.
¿Poeta? Lo pienso, jamás lo había escuchado. Sin embargo, Meira Delmar:
su nombre y apellido hacen parte de mi vida y de mi historia. Sus versos, sus
silencios, sus formas, sus palabras me han marcado. En el fondo estoy
convencida de la decisión que quiero tomar, pero algo afuera, algo en el
título, en el nombre, incluso en la apariencia del libro, me pide una
oportunidad. El libro fue exhibido durante la clase a todos los estudiantes. De
lejos, noté su hojas amarillentas, su color de imprenta: rojo y negro, evocando
historia y época, las puntas de las hojas y de la cobertura del libro,
algo dobladas, algo roídas, algo gastadas… todo eso junto en un libro y la
inquietud de saber de lo que está escrito me hacen pensar en tomar ese camino,
porque debo admitir que esas huellas que va dejando la historia y el tiempo
sobre las cosas, los libros, las calles, las casas, sobre todos los
objetos, me apasiona. Soy amante de visitar las casas antiguas, de sentir el
olor de los años, de darme cuenta de cómo era la vida antes de esta vida. Qué
cambió para aquellas personas a través de los atuendos, de la distribución de
los espacios, de las formas, de los colores. Entonces, ese libro llamaba
hondamente mi atención; no dejé de pensar durante toda la sesión en cuál
decisión debería tomar. Cuando finalmente salimos, el libro del poeta
conspirador pasó por varias manos, todos y cada uno fue juez de aquel ejemplar:
todos los ojos encima lanzando miradas de aprobación y expectación. Al final,
cuando algunos pocos se habían decidido, llegó hasta mis manos: abrí sus hojas,
las olí, vi el mecanografiado de sus palabras, no vi versos en esta
ojeada… pasaron unos minutos, lo pensé… sin embargo, en el fondo, yo sabía cuál
era mi decisión.
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